Fotografía: (c) Pablo Tosco/Intermón Oxfam.

La ONG británica Christian Aid/InspirAction presentó hace un par de semanas su más reciente informe Las múltiples caras de la desigualdad en América Latina y el Caribe, en el que muestra las brechas por raza, etnia, posición económica, acceso a la tierra y género que todavía está lejos de superar esta región.

Una de las manifestaciones más evidentes de esa desigualdad la viven las mujeres latinoamericanas, quienes no tienen las mismas oportunidades que los hombres cuando trabajan. A eso se suma que deben redoblar esfuerzos para desarrollarse profesionalmente y cumplir sus obligaciones en el hogar.

Justamente la desigualdad de género en Iberoamérica es el tema por el que Oxfam y la FNPI convocan a la primera edición de la beca de periodismo sobre desigualdad, que tiene abiertas sus inscripciones hasta el 26 de abril. 

Estos son algunos de los datos presentados por Christian Aid/InspirAction:

  • Aunque la brecha se ha cerrado un poco, las mujeres aún participan menos en el mercado laboral en comparación con los hombres: el 50% contra el 71%.
  • Es más probable que las mujeres de cualquier clase socioeconómica estén desempleadas y que cuando tengan empleo ganen un 22% menos que los hombres.
  • La mayor brecha en términos de distribución del trabajo de calidad entre hombres y mujeres se da en Nicaragua, Bolivia, Perú y Colombia, pese a que las mujeres de América Latina y el Caribe tienen hoy más que nunca acceso a la educación.
  • Las mujeres suelen llevar la carga en términos de trabajo no remunerado, como el cuidado de los niños y los ancianos, las tareas del hogar y, en las áreas rurales, la recogida de leña y agua. En Honduras, por ejemplo, las mujeres empleadas dedicaron en 2009 un promedio de siete horas diarias al trabajo no remunerado, en comparación con una hora diaria dedicada por los hombres.
  • El trabajo de cuidados no remunerado del que se encargan generalmente las mujeres es aún mayor en las áreas rurales. La falta de servicios públicos significa que las mujeres pasan más tiempo yendo a buscar agua y leña, mientras que por la falta de acceso a la electricidad no pueden usar electrodomésticos, lo cual incrementa el tiempo que deben invertir en tareas diarias como cocinar o lavar la ropa.
  • Un estudio reciente de una de las organizaciones que trabaja en asocio con Christian Aid en Nicaragua encontró que en ese país las mujeres tienden a crear microempresas en casa para poder ocuparse de las labores del hogar. Allí es menos probable que las mujeres sean dueñas de pequeñas y medianas empresas (el 10% de las mujeres son dueñas de pequeñas empresas, comparado con el 58% de hombres). En el caso de las medianas empresas la brecha es aún mayor: 8% son mujeres y 61% son hombres.
  • Pese a las mejoras económicas de los bolivianos más pobres, durante la última década, las mujeres no han visto una mejoría en las oportunidades para encontrar empleo. En este país, las mujeres siguen constituyendo la mayoría de los trabajadores de la economía informal.  En 2014 el 34% de las asalariadas y el 75% de las trabajadoras independientes se enfrentaban a una extrema inestabilidad laboral, con ingresos por debajo de la canasta familiar. No son solo las mujeres del sector informal quienes lo sufren: en general las mujeres bolivianas también se enfrentan a mayores niveles de desempleo que los hombres.
  • La brecha de género en el área rural es aún más marcada. En 2010 más de la mitad de las mujeres rurales tenían entre cero a cinco años de escolarización, y muchos países tenían un alto índice de analfabetismo entre las agricultoras: Perú (65,9%), Guatemala (60,7%), Bolivia (45,8%) y El Salvador (37,5%). En áreas en que se cultiva para la exportación -como en el caso de la industria floricultora en Colombia- las mujeres son contratadas en mayor medida, pero tienden a tener empleos con salarios bajos, temporales y con poco respeto a sus derechos.
  • Las mujeres jóvenes de comunidades amazónicas frecuentemente son madres a muy temprana edad, tienen pocas oportunidades de completar su educación, aceptar oportunidades que les generen ingresos o perseguir sus sueños de desarrollo personal fuera del hogar.