(Foto: Zoran Stupar /Tomada de Pizabay.)

Que haya mayor visibilidad estadística para ayudar a garantizar la inclusión plena de las personas con discapacidad es el llamado que hace la Cepal a los gobiernos latinoamericamos, después de una reunión de expertos de la región en desarrollo económico y sostenible, hace un par de semanas, en Santiago de Chile.

La invisibilidad estadística de la población con discapacidad en la región refleja su marginación y exclusión y constituye una barrera para garantizar su pleno ejercicio de derechos, según la Cepal. Por eso, tras ese encuentro, este organismo espera que haya mayor cooperación entre los países latinoamericanos para mejorar su capacidad en la medición de la discapacidad y, especialmente, la calidad de los datos.

En ese proceso de visibilización es fundamental la cobertura que hagan los medios de comunicación, para llevar las necesidades de estos ciudadanos a la agenda pública.

La fundación colombiana Saldarriaga Concha, que trabaja por los derechos de las personas con discapacidad, editó la guía para periodistas Discapacidad: claves para verla, oírla y comprenderla. El documento busca convertirse en una herramienta de consulta de fácil acceso al momento de investigar, cubrir y producir noticias sobre las personas con discapacidad, y les es útil a los reporteros de toda la región.

La guía parte de cinco premisas básicas:

  • La discapacidad es una condición de una persona y esta no tiene por qué ser objeto de adjetivos que refuercen el rechazo u otros valores excluyentes.
  • La comparación entre ‘normal’ y ‘anormal’ no tiene cabida cuando se habla de discapacidad.
  • La discapacidad no es una enfermedad. Por ello no es adecuado referirse a las personas con esta condición como ‘pacientes’ o ‘víctimas de’. Lo correcto es citarlas como ‘personas con discapacidad (física, visual, etc.)’, a menos que se hable en el contexto de la relación entre un médico y su ‘paciente’.
  • Según la ONU, la discapacidad se considera un hecho social y resulta de la interacción entre las personas con deficiencias y las barreras debidas a la actitud y al entorno, que evitan su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás.
  • Informar sobre discapacidad requiere entender esta condición en un contexto de derechos que deben ser garantizados.

Los periodistas deberían evitar:

  • El sentimiento de lástima.
  • La idea de que la discapacidad es un castigo divino.
  • La discapacidad vista como problema y asunto individual.
  • Creer que hay una sola discapacidad.
  • Asociar la discapacidad con pedir una moneda, una ayuda.
  • Ver a las personas con discapacidad como un obstáculo para construir desarrollo.

Y, en cambio, deberían incluir en sus cubrimientos estas ideas:

  • Todas las personas son ciudadanas sin requisitos.
  • La discapacidad es un asunto de derechos.
  • Las personas con discapacidad tienen derecho a una vida plena, autónoma, independiente y gozosa.
  • La discapacidad es social: el entorno construye barreras físicas y mentales que disminuyen la capacidad de una persona.
  • Hay diversidad de discapacidades.
  • Son una motivación para construir desarrollo porque obligan a pensar desde la diferencia, a incluir la diferencia.

La guía replica el manifiesto firmado por 65 periodistas en 2004, en Salamanca, España, durante un encuentro de periodismo y discapacidad, que se ha convertido en una brújula para hacer historias que no vulneren los derechos de la población con discapacidad:

Deben enfatizarse las habilidades o capacidades. Dejar a un lado el enfoque caritativo o victimista que tradicionalmente han ofrecido los medios de comunicación para centrarse en la superación de los verdaderos problemas que afectan a las personas con discapacidad, como ciudadanos de pleno derecho (el acceso a servicios de salud y a la educación, las barreras arquitectónicas, el acceso al empleo, etc.).

Los enfoques debería girar en torno a la persona, no alrededor de su discapacidad. A menos que sea esencial para la historia, evitar relatos melodramáticos acerca de enfermedades incurables, deficiencias congénitas o lesiones graves de las personas. Los periodistas pueden centrarse en cuestiones que afectan su calidad de vida, tales como el transporte accesible, vivienda, cuidados de salud accesibles, oportunidades de empleo, las barreras y la discriminación.

Las personas con discapacidad deben tener voz como ciudadanos independientes y protagonistas de sus propias vidas.  Terminar con su “invisibilidad” es el primer paso para que puedan conquistar el espacio que les corresponde. Y en el caso de que su dicción no sea clara para el receptor, utilizar la tecnología correspondiente para posibilitar la llegada del mensaje, por ejemplo, a través del subtitulado.

Evitar el lenguaje discriminatorio y estigmatizante.  Es necesario tener un cuidado especial a la hora de elegir las palabras con las que se defina a las personas con discapacidad puesto que el lenguaje es la herramienta que condiciona la representación mental de cualquier realidad.

Los adjetivos sustantivados como “mongólico”, “inválido” o “discapacitado” deben evitarse para llegar a superar la concepción de “enfermo”. De igual forma y para evitar el sensacionalismo o la victimización, decir usa una silla de ruedas, persona que tiene esclerosis múltiple, niña con síndrome de down, persona ciega, etc., sería mejor a “confinado a una silla de ruedas”, “sufre, padece o es víctima de…”.

Los periodistas deben tratar de evitar descripciones emocionales como “desafortunadamente”, “a pesar de”, “pese a su condición”, etc.

La persona con discapacidad no debe ser vista como un mero receptor de ayudas. Es necesario ofrecer una imagen integral, incluyente y activa, para no fomentar la marginalidad. (Ejemplos como colectas de dinero a través de televisión son nocivas y refuerzan el imaginario de que las personas con discapacidad necesitan limosna y no oportunidades).

Mostrar a las personas con discapacidad en situaciones cotidianas diversas. Así se subrayan sus capacidades y se favorece una visión inclusiva. Al reflejar la interacción entre personas con discapacidad y sin discapacidad en la vida cotidiana y en diversos entornos sociales como el trabajo, el colegio, un parque, con sus amigos, la familia, etc., se contribuye a romper barreras y a mostrar una imagen participativa que propicia una mejor comunicación.

Abordar la información desde un enfoque contextualizado. Explicar las circunstancias contextuales ayuda al público a comprender y acercarse al mundo de la discapacidad con mayor conocimiento.

Cubrir el tema de la discapacidad de forma proporcionada, sin caer en la compasión. Tampoco debe presentarse a la persona con discapacidad como un héroe. Si bien el público puede admirar los logros de personas con discapacidad sobresalientes, al retratarlas como superestrellas se generan falsas expectativas en torno a que todas las personas con discapacidad deben alcanzar este nivel.

Las personas con discapacidad no están enfermas.  Su discapacidad puede ser resultado de una enfermedad en algunos casos, pero no significa que actualmente se encuentre enferma. Por ejemplo quienes tuvieron Polio experimentan algunos efectos después de la enfermedad, pero no significa que se encuentren actualmente enfermos. Las personas cuya discapacidad resulta de un daño anatómico o fisiológico no están enfermas (por ejemplo, personas con espina bífida o parálisis cerebral).

Promover la accesibilidad en los mensajes.  Para lograrlo, los periodistas pueden utilizar lenguaje de señas, lectura fácil, subtitulado, sistema braille, etc.