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A mediados de 2015, la organización Oxfam México publicó el informe “Desigualdad Extrema en México. Concentración del Poder Económico y Político”, con la autoría del académico Gerardo Esquivel Hernández. Esquivel es doctor en Economía por la Universidad de Harvard y Premio Nacional de Periodismo 2011 en la categoría “Artículo de fondo”.

El documento hace una crítica a la situación de desigualdad mexicana.

“Mientras el PIB per cápita crece a menos del 1% anual, la fortuna de los 16 mexicanos más ricos se multiplica por cinco”, se asienta en el estudio.

En la investigación respaldada por Oxfam se expone una preocupación por una excesiva e indebida influencia de los poderes económicos y privados en la política pública, y su interferencia en el ejercicio de los derechos ciudadanos.

Se pone el ojo en cuatro multimillonarios mexicanos.

“Carlos Slim en la telefonía, Germán Larrea y Alberto Bailleres en la industria minera y Ricardo Salinas Pliego en TV Azteca, Iusacell y Banco Azteca. Los cuatro han hecho sus fortunas a partir de sectores privados, concesionados y/o regulados por el sector público. Estas élites han capturado al Estado mexicano, sea por falta de regulación o por un exceso de privilegios fiscales”, se consigna.

Uno de los problemas más fuertes de esta desigualdad, se lee en el estudio, es que la política fiscal mexicana favorece a quien más tiene. No es de ninguna manera progresiva y el efecto redistributivo resulta casi nulo.

“La tasa marginal del ISR—una de las más bajas de los países de la OCDE—, el que no haya impuestos a las ganancias de capital en el mercado accionario, y el que tampoco los haya a herencias, entre otras cosas; son ejemplos de cómo el sistema tributario beneficia a los sectores más privilegiados”, escribió Esquivel.

Ante estas críticas directas, uno de los empresarios mencionados decidió exponer su malestar ante la publicación. Ricardo Salinas Pliego (#351 de la lista de Forbes, con 4 mil 100 millones de dólares), regresó la crítica y lo hizo a través de un artículo en el diario económico-político El Financiero.

Él sabía que no era un tema fácil, y lo advirtió desde el principio.

Mis asesores me aseguran que “defender a los millonarios es impopular y políticamente incorrecto”, escribió en sus primeras líneas. Aún así escribió el artículo porque no pretendía hacer relaciones públicas, sostuvo.

Se trataba, argumentó en febrero de 2016, de insistir en un indispensable cambio cultural que desterrara las ideas nefastas que han “envenenando la mentalidad del latinoamericano”.

En un escrito de más de 8 mil caracteres lanzó una pregunta principal: “¿queremos terminar con los ricos o con la pobreza?”

Mencionó que en los países donde se ataca a los empresarios, lejos de eliminar la pobreza, arrastra a sus economías al atraso y al subdesarrollo.

“Propagar este confuso ideario anti-empresarial probablemente pretende conducir a los países al socialismo, que es una forma de gobierno que destruye nuestra libertad y nos hunde en la miseria”, argumentó.

El multimillonario dijo que los empresarios constituyen un recurso sumamente valioso porque toman riesgos, acumulan y multiplican el capital necesario para enfrentar estos riesgos, resuelven problemas de manera creativa e innovadora, ofrecen productos y servicios que el gobierno es incapaz de hacer de manera eficiente, aceptable y oportuna, crean millones de empleos, pagan impuestos y generan riqueza.

“Desafortunadamente, Oxfam se ha involucrado en una cruzada global contra la riqueza. Ojalá que sus grandes energías y recursos los enfocaran en combatir la pobreza, que es mucho más difícil, pero que en teoría es su misión”, reviró.

El empresario cerró su participación editorial con la idea de que la desigualdad existe en toda sociedad humana.

“Simplemente consideremos un músico como Yo-Yo Ma, un futbolista como Lionel Messi, un cineasta como Spielberg o un escritor como Mario Vargas Llosa. Todos ellos son extraordinarios en lo que hacen. Nunca hemos visto a los músicos manifestarse porque Yo-Yo Ma ‘concentra demasiado talento’, sería absurdo. Naturalmente, los ingresos de este violonchelista corresponden a su maestría. El problema no es entonces la desigualdad en sí misma, que existe en todos los ámbitos humanos, sino la pobreza y la desigualdad de oportunidades, que es lo que realmente ofende”, argumentó.

Gerardo Esquivel, autor del estudio al que se refirió Salinas Pliego, respondió al artículo del empresario mexicano. Lo hizo a finales de febrero a través de una columna en el diario El Universal, titulada “Salinas Pliego no es Messi”.

Esquivel negó que su trabajo o el de Oxfam sea de carácter antiempresarial, y que tampoco “promueve el socialismo”. El académico sostuvo que los de Salinas Pliego son comentario que pretenden desviar la atención de uno de los argumentos centrales del trabajo que tiene que ver con la excesiva concentración de recursos que perjudica a empresarios que no pueden competir contra los multimillonarios.

“La comparación implícita que utiliza Salinas Pliego con Yo-Yo Ma, Messi y Spielberg daría risa si no fuera trágicamente reveladora de cómo se percibe a sí mismo el empresario mexicano. Según parece querer decirnos Salinas Pliego, si él es más rico y obtiene más ingresos que otros es por su talento y habilidad empresarial. Recordemos que la expansión de su fortuna ocurrió a partir de la compra de Imevisión, una cadena de televisión estatal que fue privatizada en 1993 y que él adquirió parcialmente con un préstamo de 29 millones de dólares otorgado en condiciones poco claras por Raúl Salinas de Gortari, hermano del entonces presidente de la República”, añadió.

El académico ha mantenido sus comentarios críticos respecto al tema de la desigualdad, pero no se hallaron registros de que Salinas Pliego le haya respondido nuevamente.