Fotografía: (c) Pablo Tosco/Intermón Oxfam.

América Latina es la región más desigual del mundo y parte de esa inequidad se evidencia en la brecha de género que persiste en el hogar, la economía, la política, la educación y el acceso a la tierra. De hecho, en la reciente medición del índice de brecha de género, publicado el año pasado por el Foro Económico Mundial, solo un país latinoamericano -Nicaragua- estuvo entre las primeras 10 naciones que les brindan iguales oportunidades de desarrollo y empoderamiento a mujeres y hombres.

Justamente la desigualdad de género en Iberoamérica es el tema por el que Oxfam y la FNPI convocan a la primera edición de la beca de periodismo sobre desigualdad, que tiene abiertas sus inscripciones hasta el 26 de abril. Podrán participar los periodistas de la región que hayan publicado trabajos escritos sobre esta temática y tengan una propuesta para desarrollar una nueva historia. Encuentra los requisitos para postularte aquí.

Estas son algunas de las cifras que ilustran la desigualdad en la región.

168 millones

de latinoamericanos viven en la pobreza y la mayoría son mujeres. Aunque América Latina ha reducido notablemente sus niveles de pobreza e indigencia durante la última década (pasó del 44% en 2002 al 28% en 2014), la falta de techo y comida todavía afecta a un número significativo de habitantes, particularmente a los de origen indígena y a los afrodescendientes. Además, según estadísticas de la Cepal, la pobreza y la indigencia se expresan mucho más entre las mujeres indígenas y las afrodescendientes.

3,2 años

menos de estudios obtienen, en promedio, las mujeres de 20 a 24 años de la región que fueron madres adolescentes, comparadas con las de su misma edad que no lo fueron. Esa situación, explica la Cepal, perpetúa las condiciones de desigualdad.

De hecho, el embarazo adolescente continúa siendo alto en Latinoamérica, especialmente entre poblaciones indígenas, afrodescendientes, de áreas rurales y en situación de pobreza. Así lo muestran las estadísticas de siete países que la Cepal analizó, siendo República Dominicana el que encabeza los indicadores: un poco más del 40% de las adolescentes con menores ingresos en las áreas rurales habían sido madres en 2010, mientras que las que vivían en el campo con más recursos no superaban el 15%. En las áreas urbanas dominicanas la tendencia fue la misma: 35% versus menos del 15%.

26%

de las adolescentes indígenas, entre los 12 y 17 años que vivían en 2014 en territorios rurales en Latinoamérica no asistían a la escuela secundaria, frente al 21% de los hombres, según la Cepal.

Aunque los indicadores de acceso a la educación secundaria mejoraron durante las últimas dos décadas en Latinoamérica, aún persisten significativas diferencias según los niveles de ingreso y género: mientras un 80% de los jóvenes entre los 20 y 24 años de mayores recursos había logrado terminar su bachillerato, los de menores recursos de esa edad solo llegaban al 34%, según datos de 2016 de la Cepal.

Además, los indicadores de las mujeres que no asisten a la escuela son superiores a los indicadores de los hombres.

50%

de las mujeres entre los 25 y 45 años destinan la mayor parte de su tiempo al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado en Uruguay, mientras que los hombres en ese mismo rango de edad no alcanzan el 20%. Una brecha similar se presenta en México, Ecuador y Colombia. Esto corrobora, según la Cepal, que la carga del trabajo no remunerado tiene un marcado sesgo de género y que la brecha aumenta cuando hay menores de edad o personas dependientes en el hogar.

En Latinoamérica, las mujeres dedican más horas al trabajo doméstico y menos horas al trabajo remunerado en comparación con los hombres. Esa tendencia se repite en todas las edades, pero la brecha es más significativa entre los 25 y 45 años.

La misma tendencia se da en Europa, particularmente España. Allí, según datos ofrecidos durante la Conferencia Internacional “Trabajo y Salud en la mujer”, la brecha de género obedece al prejuicio de considerar las labores del hogar y de cuidado asuntos femeninos.

54%

de las mujeres en empleos no agrícolas, en América Latina y el Caribe, se desempeñan en el sector informal, según ONU Mujeres. En las zonas rurales, muchas mujeres obtienen su sustento de la actividad agrícola de pequeña escala, casi siempre de manera informal y a menudo sin remuneración.

Para las mujeres, dice la ONU, las probabilidades de trabajar en el sector del empleo informal son más altas que las de los hombres.

Más del 25%

es la brecha laboral de género en España a partir de los 44 años, según datos de la OCDE. Aunque esa brecha no es tan grande durante los primeros años laborales, se agudiza cuando las mujeres comienzan a ser mamás. La OCDE no prevé cambios significativos durante los próximos años.

Menos del 12%

de la población beneficiada en procesos de reforma agraria en América Latina son mujeres . Y cuando han sido incluidas en los fondos de tierra, como parte de las políticas para un acceso más equitativo a estas, han ingresado en función de su estado civil y de su condición de madres, no por ser mujeres productoras o trabajadoras.

La Red Centroamericana de Mujeres Rurales, Indígenas y Campesinas asegura que en Honduras las mujeres apenas poseen el 12% de la tierra; en El Salvador, el 13%, y en Nicaragua ocupan mayoritariamente fincas de menos de 10 hectáreas.

20%

de la fuerza de trabajo agrícola en América Latina lo representan las mujeres, aunque el promedio en los países en vías de desarrollo está en el 43%, según ONU MujeresPese a las variaciones regionales, las mujeres realizan un aporte fundamental a la agricultura en todo el mundo en desarrollo.

12%

era la brecha de género en América Latina en 2014, entre las personas mayores de 65 años que recibían una pensión o jubilación, según la Cepal. Aunque la diferencia entre las mujeres y los hombres pensionados ha disminuido en la región desde 1994, cuando era del 17%, todavía las mujeres están en desventaja. En parte, porque su participación en actividades remuneradas formales suele verse truncada por largos e intermitentes períodos dedicados a actividades domésticas y de cuidado.