(Fotografía tomada de la cuenta en Instagram de Sjöfn Tryggvadóttir)

Desde hace dos semanas, el parlamento islandés estudia una ley que busca obligar a las empresas públicas y privadas de ese país europeo a probarle al gobierno que el género no es un factor diferenciador a la hora de pagarles a sus empleados. De aprobarse, esta legislación comenzaría a regir en enero próximo y se convertiría en la primera de pago igualitario del mundo. Pero, especialmente, sería un hito en la larga lucha de las mujeres por el reconocimiento de sus derechos en el campo profesional.

La brecha laboral es aún mayor en los países latinoamericanos. Esa diferencia hace parte de la arraigada desigualdad de género iberoamericana, que es el tema por el que Oxfam y la FNPI convocan a la primera edición de la beca de periodismo sobre desigualdad.  Las inscripciones están abiertas hasta el 26 de abril y podrán participar los periodistas de la región que hayan publicado trabajos escritos sobre esta temática y tengan una propuesta para desarrollar una nueva historia. Encuentra los requisitos para postularte a la beca Oxfam FNPI aquí.

Estas son las cuatro lecciones que Islandia le enseña al mundo y que sirven de inspiración para aquellos periodistas que investigan y escriben sobre la igualdad de género en Iberoamérica.

  • El pago igualitario no es una utopía, solo necesita voluntad política

Desde hace más de 50 años el gobierno islandés alienta a las empresas de su país a pagarles el mismo salario a hombres y mujeres, de tal manera que el género no se convierta en un factor diferenciador en el trabajo.  Sin embargo, en ese país todavía hay una brecha salarial entre el 14% y el 20%.

Por eso, el gobierno le presentó la última semana de marzo un proyecto de ley al parlamento que contempla sanciones para aquellas empresas que insistan en mantener la diferencia salarial entre hombres y mujeres. De esta manera, si un hombre y una mujer ocupan un mismo cargo o tienen las mismas responsabilidades dentro de la compañía, esta no podrá seguirle pagando más al trabajador y un poco menos a la trabajadora.

“Queremos romper la última de las barreras de género en el campo laboral (…) La historia ha demostrado que, si quieres progreso, necesitas reforzarlo”, le dijo a The New York Times Thorsteinn Viglundsson, ministro de Asuntos Sociales e Igualdad.

Acabar con esa barrera requiere de voluntad política porque, como lo estima la Organización Internacional del Trabajo, si la brecha salarial sigue entre hombres y mujeres, tomará al menos unos 70 años comenzar a cerrarla.

  • No basta con acortar las brechas, deben eliminarse

Aunque Islandia es hoy el mejor país del mundo para ser mujer, aún quedan varios asuntos por resolver y las mujeres de ese país no descansarán hasta lograr completamente la igualdad. Según la más reciente medición de igualdad de género del Foro Económico Mundial, Islandia es el país más igualitario del mundo. Posición que ocupa desde 2009.

Para darle la medalla dorada al país europeo de menos de 350 mil habitantes, el Foro Económico tiene en cuenta la participación de hombres y mujeres en cuatro áreas clave: salud, educación, economía y política. Especialmente, Islandia ha logrado destacarse por sus estadísticas en educación y empoderamiento político.

De hecho, Islandia sobresale como ejemplo mundial por sus licencias de paternidad prolongadas, que hacen que las mujeres no tengan que cuidar solas a los niños. De allí que en este país sea usual ver a padres y madres cuidando por igual a sus hijos no solo cuando están recién nacidos. Además, las islandesas representan casi la mitad de la fuerza laboral de su nación.

Sin embargo, adicional a la brecha salarial que todavía persiste, las islandesas tienen que enfrentarse a otro problema: el acoso sexual. Una encuesta de 2013 arrojó que el 24% de las tres mil mujeres consultadas dijeron haber sido víctimas de violencia sexual alguna vez después de cumplir los 16 años.

  • No más prejuicios: las mujeres pueden ser madres y profesionales exitosas a la vez

Una de las razones de la existencia de la brecha salarial en el mundo, según le dijo un investigador del Adam Smith Institute a la BBC, es la creencia de que las mujeres dedicarán más tiempo a otras actividades distintas al trabajo cuando tengan hijos.  Eso interrumpe el progreso laboral de las mujeres o las obliga a tener que buscar trabajos de medio tiempo, cuando se reincorporan al mercado laboral tras sus licencias de maternidad.

Esa brecha, explicó el investigador, podría cerrarse si se alienta a los hombres a asumir mayores responsabilidades en el cuidado de sus hijos y no solamente a las compañías a ser más flexibles con las madres trabajadoras.

  • Si las mujeres no se unen para luchar, difícilmente habrá cambios

Uno de los hitos en la lucha de las mujeres ocurrió el 24 de octubre de 1975 en Islandia. Ese día, el 90% de las islandesas no fueron a trabajar ni hicieron ningunas de sus actividades en casa para demostrar que sin su aporte ese país se paralizaría.  Y en efecto lo lograron: más de 25.000 mujeres salieron a protestar a las calles de Reikiavik, la capital, para exigir mejores condiciones laborales y de participación en política. Además, los bancos, escuelas y comercios tuvieron que cerrar.

La protesta dio sus frutos. Cinco años después Vigdis Finnbogadotti se convirtió en la primera mujer en ganar las elecciones y en la primera presidenta de un país europeo.

“Lo que ocurrió ese día estableció el primer paso para la emancipación de las mujeres en Islandia. Paralizó el país por completo y abrió los ojos de muchos hombres”, le dijo Vigdis a la BBC.

Una protesta similar organizaron en octubre del año pasado en contra de la desigualdad salarial. Millares de islandesas dejaron sus trabajos mucho antes de que acabara la jornada laboral, es decir, justo cuando completaron las horas que según sus salarios deberían trabajar. Un poco menos que el promedio salarial que ganan los hombres islandeses.

Ese tipo de manifestaciones inspiraron a cientos de organizaciones en el mundo que, el 8 de marzo pasado, organizaron el paro mundial de mujeres para exigir el respeto de sus derechos.