(©UN Photo/Milton Grant)

Esta semana se hizo viral un corto español que recrea cómo sería la desigualdad de género si la sufrieran los hombres. Durante nueve minutos, la parodia Cosas de chicos denuncia a través de situaciones cotidianas la estigmatización que sufren las mujeres y la presión constante alrededor de la maternidad.

Aldara Filgueiras, directora del video, le dijo a El País que los temas mostrados en su producción le duelen, pero especialmente le duele que existan “algunos hombres que se sientan atacados cuando se habla de desigualdad y reaccionen a la defensiva”, porque “el feminismo no intenta atacarlos ni eliminar la energía masculina, sino ser aliados y que las relaciones entre unos y otros no sean tan tóxicas”.

Esta parodia vuelve a poner en la agenda mediática la desigualdad de género, y es mucho lo que los periodistas pueden hacer en pro de la inclusión. Recopilamos estas recomendaciones del manual Cambiar la mirada desde un periodismo no sexista, publicado por la Alcaldía de Cali (Colombia) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. A través de ellas los comunicadores encontrarán pistas para aportar con su trabajo según la fuente que cubran.

Desde la fuente política

– Los años electorales son ideales para consultar a los candidatos sobre sus propuestas en violencia de género. Si no las tienen o desconocen el tema, es noticia.

– Realizar un seguimiento de las acciones o inacciones en los distintos poderes del Estado sobre la materia. “¿Qué política implementa con relación a la violencia de género?” puede ser una pregunta permanente cuando se entrevista a funcionarios públicos.

– Tener presente los proyectos y debates legislativos sobre violencia. Explicarlos, seguirlos, propiciar la discusión. Confeccionar una agenda de legisladores comprometidos con la lucha contra la discriminación de la mujer.

– La implementación de estrategias políticas sólo es posible cuando se cuenta con el presupuesto necesario para ejecutarlas. Controlar las partidas presupuestales destinadas a las áreas del Estado competentes en la lucha contra la violencia de género es controlar la voluntad política real de hacerla efectiva.

– Solicitar información de participación en los espacios de poder, desagregada por sexo.

– Analizar las similitudes y diferencias en el ejercicio del poder de hombres y mujeres.

– Observar si es igual la distribución de responsabilidades entre mujeres y hombres en el ámbito privado, y comparar si ese esquema se repite o no en el ámbito público.

– Identificar cuáles son las resistencias culturales e institucionales que provocan obstáculos en mujeres y cuáles en el caso de los hombres para que desarrollen sus carreras políticas.

– Considerar si existen mecanismos reales para poder hablar de igualdad de condiciones de diferentes grupos sociales a la hora de participar en política.

Desde la fuente económica

– Mostrar el impacto económico que implica para el sistema productivo del país la violencia contra la mujer. 

– Pensar en la valoración económica del trabajo doméstico no remunerado, considerando que muchas mujeres que atraviesan situaciones de violencia viven aisladas en sus hogares como parte de la estrategia de dominación del maltratador.

– La feminización de la pobreza es otro eje sumamente rico para abordar en el contexto de la violencia de género: una mujer maltratada que vive en condiciones de pobreza es aún más vulnerable.

– Mostrar información desagregada por sexo, eso ayudará a ver las implicaciones de género en el análisis de la situación. También es interesante si se puede hacer un comparativo entre países o regiones dentro del país.

– Tener en cuenta que la división sexual del trabajo está en el centro de la discriminación. Identificar los factores de vulnerabilidad económica.

– Revisar los conceptos de doble o triple jornada y determinar qué consecuencias tienen en la vida de las personas.

Desde la fuente de salud  

– Analizar las secuelas físicas, psicológicas, trastornos alimentarios (bulimia y anorexia), contagio de enfermedades de transmisión sexual (en general el maltratador no usa preservativos), de VIH/SIDA; embarazos forzosos (el varón no permite que la mujer utilice métodos anticonceptivos); abortos espontáneos (por golpes) y hasta suicidios, son sólo algunas de las aristas que la sección salud puede incluir para tratar la violencia de género.

– En el sistema de salud se pueden ver también los gastos que genera la violencia de género ante la falta de una adecuada prevención.

– Cuando se realice una nota sobre salud, tener en cuenta que la condición de salud de hombres y de mujeres depende de sus particularidades anatómicas y fisiológicas, de su “condición de género”, su situación socioeconómica, de la etnia a la que pertenece, de su estado nutricional, del acceso a los servicios de salud, de su comportamiento reproductivo y de su medio ambiente.

– Considerar que la brecha entre la expectativa de vida masculina y femenina (la expectativa de vida es biológicamente superior en las mujeres) disminuye o desaparece cuando entran en juego, con gran peso, otros factores como el acceso a la salud, violencia de género y satisfacción de las necesidades básicas que afectan en mayor medida a las mujeres.

– Incorporar el concepto más integral de la salud que se relaciona con el resultado de la alimentación, el trabajo y el descanso, con la ausencia o persistencia de paz o estados de violencia; de igual forma con los cuidados que otorgan o pueden otorgar las instituciones, así como la índole de las experiencias sexuales y reproductivas.

– Indagar sobre recursos y servicios de salud: El impacto de la división sexual del trabajo ha dado lugar al acceso diferencial a recursos y servicios de salud (la participación y acceso a seguros públicos o privados). El trabajo reproductivo asignado históricamente a las mujeres, su alto grado de participación en la economía informal, las características de los empleos que mayoritariamente ocupan, el menor poder adquisitivo… son factores sociales asociados a las relaciones de género que crean inequidades en el acceso a la salud.

– Considerar que las mujeres son quienes más utilizan los servicios de salud por su función reproductora y por su mayor longevidad, pues tienen más posibilidades de sufrir enfermedades relacionadas con la vejez.

– Indagar sobre cómo afecta la socialización masculina en la salud de los hombres la tendencia a comportamientos de riesgo, la violencia, el contacto sexual inseguro, el consumo de alcohol y drogas, los hábitos alimentarios deficientes, la falta de ejercicio, la falta de prevención y una tasa mayor de suicidio… Son factores que influyen directamente en el aumento de la brecha de expectativa de vida entre hombres y mujeres.

Desde la fuente judicial

– Es significativo que desde esta sección se insista en la importancia de realizar denuncias sobre violencia; en la necesidad de que personal policial y judicial capacitado atienda a las víctimas, y en mostrar que en la institución hay fuertes estereotipos sexistas.

– Como en las secciones anteriores, solicitar datos desagregados por sexo en relación a la violencia y el delito para poder realizar las primeras reflexiones.

– Identificar quiénes son las personas en situación de violencia que aparecen en las estadísticas y hacer un análisis cualitativo de los números.

– Indagar sobre acciones preventivas y de acompañamiento, y las sanciones que existen en el país, tanto en servicios estatales como de organizaciones sociales, para mujeres víctimas de violencia sexual.

– Analizar con “lupa de género” quiénes son las personas que, mayoritariamente, portan armas.

– Examinar por qué la mayoría de los homicidios contra hombres suelen ser realizados en sitios públicos y por desconocidos, mientras que en el caso de las mujeres es en sus propios hogares y por sus propias parejas.

– Considerar el uso diferente de los espacios públicos por parte de hombres y mujeres de diferentes edades.

– Dejar de considerar la violencia contra las mujeres como un tema o una preocupación sólo de las mujeres, hay que situarlo como un problema de seguridad ciudadana, además, de una clara violación a los Derechos Humanos.

Desde la fuente deportiva

– Destacar el compromiso contra la violencia por parte de deportistas reconocidas/os es una cobertura interesante

– Los comentarios sexistas de algunos relatores de fútbol y otros deportes deberían ser revisados, a fin de colaborar en la erradicación de la discriminación de género.

– En el ámbito deportivo, fomentar la igualdad y la equidad se convierte en un aporte interesante para develar y romper las estructuras de dominación que generan violencia. Sección de Cultura y espectáculo

– Personas relacionadas con el mundo del espectáculo que apoyan campañas por la no violencia.

– Telenovelas, series, películas, obras de teatro, obras literarias, son ricas en buenas y malas prácticas sobre esta problemática.

– El rol de los críticos de cine, teatro y televisión es fundamental para mostrar las producciones que hablen de la violencia de género, logrando comprometer a la audiencia.

Desde la fuente de medio ambiente

– Es necesario comprender el rol fundamental que desempeñan las mujeres en el uso, manejo y conservación de la biodiversidad, y comprender que las mujeres y los hombres tienen necesidades, intereses y aspiraciones particulares, incluyendo el hecho de que su contribución a la conservación y manejo sostenible de la biodiversidad es marcadamente diferente.

– Hay que tener claro que los procesos de conservación contribuyen a mejorar la calidad de vida de las poblaciones en general, y al integrar en ese proceso una visión de equidad de género se mejoran las condiciones de vida de un mayor número de personas.

– Indagar sobre el impacto de los fenómenos medioambientales en las mujeres, como la falta de acceso al agua y otros recursos naturales.

– Las investigaciones que académicas de distintas disciplinas realizan sobre temáticas de género y sobre violencia contra las mujeres son también insumos que posibilitan hacer noticiable la temática en esta sección.

– El papel que cumplen los conflictos por deforestación, degradación de la tierra, uso de plaguicidas tóxicos en plantaciones, contaminación de ríos e impactos de la minería, así como el impacto diferenciado que generan en hombres y en mujeres.

– Visibilizar el protagonismo de las mujeres como productoras, usuarias, conocedoras y administradoras del medio ambiente, y también como agentes de degradación y daños ambientales. Todo ello está relacionado con los roles que se le han adjudicado socialmente tanto fuera como dentro del hogar. Debe compararse con el rol de los hombres.