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Los 12 mexicanos más pobres, el lado B de la lista de millonarios, es un proyecto periodístico que muestra a las personas con más carencias económicas de México, un país con 55 millones de habitantes en pobreza.

El ideólogo del trabajo es Salvador Frausto, un periodista que ha hecho su carrera en la investigación periodística, la crónica y la dirección editorial. Salvador cuenta que la idea de origen era crear un libro donde se visibilizara la desigualdad y la miseria en el país, pero se dio cuenta que para garantizar un mayor impacto era necesario entrar a las nuevas tecnologías y formas de comunicarse con públicos diversos. Por eso el libro no quedó sólo en un documentos impreso, sino que sumó un portal donde se dieron adelantos de las historias, videos y fotogalerías; también se contrató a un especialista en redes sociales y se logró que en tan sólo un mes, el portal recibiera casi medio millón de visitas.

El proyecto mezcla plumas y visiones distintas de periodistas de investigación y cronistas, así como de las organizaciones Cuadernos Doble Raya y Ojos de Perro vs. la Impunidad, A.C. Los recursos económicos fueron proporcionados por Oxfam-México, que tiene como bandera la lucha contra la desigualdad. El libro impreso fue soportado por Editorial Planeta Mexicana.

Entrevista con Salvador Frausto 

¿Cuál fue el modelo de trabajo que tomaron?
La idea es ponerle cara al lado oscuro de la desigualdad a partir de una lista anti-Forbes, donde los mexicanos con más carencias adquieren rostro, nombre y apellido. Diseñamos una metodología para darle visibilidad a las condiciones de vida de estas personas. Basados en criterios del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social se eligieron los diez municipios con mayor pobreza extrema de las diez entidades con más carencias del país. A ello sumamos la comunidad más pobre de la metrópoli con mayor concentración de mexicanos, la Ciudad de México, y la ciudad con más mexicanos en el extranjero, Los Ángeles, para generar elementos disruptivos y de contraste.

¿Cuál es fue el reto periodístico más grande del libro?
Contar las historias sin prejuicios, sin “pobretear a los pobres”, retratando de manera integral a los protagonistas del libro, con sus pros y sus contras. Las historias del libro acuden a las mejores herramientas del periodismo narrativo –prosa pulcra, descripciones acuciosas, escenas, personajes– y lo más granado del periodismo de investigación –hallazgos noticiosos, denuncias, revelaciones, datos, contextos–.

¿Qué resultados han obtenido?
Lo más importante ha sido visibilizar periodísticamente la desigualdad. El tema se ha movido vigorosamente en medios de comunicación y redes sociales, lo cual permite colocar en el espacio público un tema que no suele aparecer de manera sonora en radio y televisión, ni de manera destacada en la prensa mexicana. El día de la presentación del libro, el hashtag #12MásPobresMX fue tendencia nacional. Ha sido presentado en varias ciudades, y aún siguen llegando invitaciones de universidades del país. Es un proyecto periodístico de 360 grados, que cuenta con videos, fotogalerías, crónicas, datos, contextos, estadísticas, gráficos. Es libro impreso y digital, es página web en cuadernosdobleraya.com y es contenido en redes sociales.

¿Crees que este binomio de pobreza-desigualdad es similar en los países de habla hispana y portuguesa?
Sí, la desigualdad en Iberoamérica tiene vasos comunicantes: ricos riquísimos versus pobres pobrísimos. Por eso el reto es relatar a los de abajo con la misma potencia narrativa y calidad investigativa con que se retrata a los de arriba. En nuestros países tenemos millonarios como en Estados Unidos y Europa, y personas en situación de miseria como en África. Hablar de desigualdad es también hablar de las élites, y de cómo las costumbres y acciones de éstas inciden en la profundización de la pobreza extrema.

¿Qué consejos puedes dar a los periodistas que tienen el interés de narrar la desigualdad en Iberoamérica?
Que contemos la desigualdad sin prejuicios, sin “pobretear a los pobres”, despojándonos de narrativas lastimeras. Enfrentemos los textos periodísticos con ritmo, con acción, con rigor, dotando a los personajes y sus atmósferas de la dignidad de cualesquier hábitat: describir la choza de un desafortunado con la misma serenidad con la que describimos la oficina de un empresario. Los pobres no son números: son personas que sonríen, sueñan, quieren, desean. Por eso no hay que relatar sólo sus quejas y penurias. Veámoslos de manera más integral.