Fotografía de Fabián Álvarez / FNPI.

La periodista mexicana Carmen Aristegui fue una de las invitadas al Hay Festival 2017, que se realizó hace dos semanas en la ciudad colombiana de Cartagena. Haber hecho parte del equipo periodístico que en 2014 reveló el conflicto de interés del presidente Enrique Peña Nieto al habitar una lujosa casa a nombre de un contratista le costó a Aristegui su puesto en la cadena radial mexicana MVS y más de un proceso judicial. Sin embargo, esas revelaciones simbolizan hoy el interés creciente del periodismo latinoamericano en fiscalizar a los poderosos y en no rendirse ante los intentos de censura.

Hablamos con Aristegui sobre el triple desafío que enfrenta la prensa mexicana por el asedio del crimen organizado, las presiones políticas y la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. También nos contó cómo internet es una plataforma a la que los periodistas pueden recurrir para hacer periodismo de calidad cuando se les cierran las puertas en los medios tradicionales, como le ocurrió a ella.

¿Cómo comenzó la investigación La casa blanca de Enrique Peña Nieto?

Cuando publicamos la investigación empezó una dinámica muy especial para nosotros, desde el momento en que mi colega Rafael Cabrera identificó la historia gracias a una cosa muy sencilla, pero muy poderosa que es la curiosidad. Encontró en un anaquel de un supermercado de la Ciudad de México una revista donde aparecía una fotografía de la esposa del presidente Enrique Peña Nieto, la actriz de televisión Angélica Rivera, en una casa.

Le picó la curiosidad periodística. Se preguntó cómo puede tener Peña Nieto una casa de estas dimensiones si solo ha sido un diputado, un gobernador, cuyos ingresos como funcionario no alcanzarían jamás para comprar una casa de estas dimensiones y su biografía familiar tampoco habla de tener un entorno millonario. Ahí empezó la historia de la casa blanca.

Rafael estaba en ese momento en otro medio de comunicación y nosotros estábamos abriendo una unidad de investigaciones especiales en la radio, a los cinco años de haber comenzado un programa que después fue censurado. En su tránsito a este medio que yo dirigía, Rafael nos llevó la idea de hacer una investigación sobre lo que había visto en la revista. Él ya había hecho dos o tres consultas, pero el tema estaba muy incipiente.

En cualquier país sería un escándalo monumental que un presidente tuviera una casa que no puede explicar y que después supimos, como producto de investigación, estaba a nombre de un contratista amigo del presidente de la república, que había logrado contratos cuando Peña Nieto fue gobernador y que seguía teniendo contratos cuando Peña Nieto ya era presidente de la república.

Que tuviera la casa blanca como titular de propiedad a un contratista nos hablaba de, por lo menos, un enorme conflicto de interés de Peña Nieto.

¿Cómo ha cambiado su vida periodística después de esa investigación?

Desarrollamos esa investigación con gran rigor. Cada dato que teníamos lo verificábamos no una, no dos, sino hasta 20 veces para poder salir y publicar sin ningún riesgo.

Finalmente se llega al punto en que hay que preguntarle a la Presidencia antes de publicar si tiene algo que decir. En lugar de contestarnos, en lugar de cumplir lo que dice la ley de acceso a la información que ya existe en México, la Presidencia posterga la respuesta y nunca la da. Lo que hacen es ir con el dueño.

El mismo dueño (de la cadena radial MVS) me pidió que no publicáramos. Él no sabía que estábamos haciendo esta investigación porque me la reservé por lo delicado del asunto. No lo hizo de mala manera. Pidió comprensión porque es un empresario que tiene muchos asuntos que dependen del Gobierno, como concesiones u otros permisos que están asociados a su actividad empresarial.

No acepté la censura del reportaje, pero le planteé una salida que pudiera ser una alternativa ante su petición, sabiendo yo que el gobierno mexicano podría tomar acciones  o represalias si publicábamos ese reportaje. Nunca se publicó en esa estación. Lo que hice fue divulgarlo en nuestro portal de noticias (aristeguinoticias.com) y difundirlo de otras maneras. Acordé y le propuse a medios mexicanos independientes como la revista Proceso, el periódico Reforma y el diario La Jornada que ellos también publicaran.

Decidí dar un paso adicional y convocar a los corresponsales de grandes medios de comunicación internacionales que tienen presencia en México, como The New York Times, The Wall Street Journal y The Washington Post. Les compartimos también la investigación antes de ser publicada.

Lo decidimos hacer así para subsanar la ausencia del reportaje en su medio natural y para contrarrestar el efecto de lo que pretendía ser una censura. El efecto fue monumental en términos periodísticos, se convirtió en una sacudida muy fuerte para el gobierno de Peña Nieto y eso significó para nosotros un punto de salida que se concretó tres meses después.

No podían despedirnos de inmediato porque era demasiado obvio, pero fueron maquinando las circunstancias para sacarnos del aire, en algo que nosotros interpretamos como una venganza. Como una manera de castigar a los periodistas que hicimos ese reportaje y otros reportajes que tampoco estaban cayendo bien en el gobierno de Peña Nieto.

Un grupo de veintitantos periodistas fuimos sacados de la radio de muy mala manera. Esto convierte la investigación de la casa blanca no solo en un gran caso de revelación periodística sino en un caso de censura promovida desde el más alto poder político e instrumentada por empresarios que son vulnerables al poder político en México por sus intereses de concesiones.

Por más que el Gobierno de Peña Nieto sea débil, como lo muestran las encuestas, aún tiene herramientas para someter.

Reflexionando sobre todo lo que pasó, ¿cree que alguna etapa de esa investigación debió haberse desarrollado de manera distinta? Por ejemplo, cuando consultó a la Presidencia.

Entiendo la pregunta porque al haber consultado a la Presidencia y no responder, lo que desde allí hicieron fue un uso indebido de poder para presionar a un empresario, para censurar.   

Creo que volvería a hacer todo igual. Porque un elemento de la práctica periodística importante es que puedas abrirle la puerta a la persona que va a ser aludida. Que esa persona señalada tenga la oportunidad de ofrecer  otras informaciones que puedan compensar, contrarrestar o aumentar la investigación misma. Es una práctica que debe ejercerse como eje principal de ética.

No sé si hubiese sido mejor pedirle una entrevista al presidente. Lo hicimos por escrito como lo exige la Ley de Transparencia. Ya queda en esa persona o en esa institución darte o no la respuesta.

Usted ha dicho que durante la presidencia de Peña Nieto no se ha abonado camino para el ejercicio periodístico, ¿qué tanto han cambiado las condiciones para los periodistas en México durante este gobierno?

No podemos hablar de una primavera democrática ni de libre expresión en México, no solo por casos como el nuestro. Siguen presentándose asesinatos de periodistas en lugares de la república mexicana, que están cooptados por el crimen organizado y eso no ha logrado resolverlo el gobierno de la república. 

Tenemos más de 100 muertes de periodistas, los últimos años, que no han sido esclarecidas. El gobierno de Peña Nieto no ha resuelto ni mínimamente esa situación, que si bien viene de tiempo atrás se ha recrudecido en este sexenio.

Hay un factor adicional que no abona a favor de Peña Nieto respecto a la libertad de expresión: el uso del dinero público para los medios de comunicación. Peña Nieto, que llegó a la Presidencia impulsado por la televisión o casi impuesto por la televisión, prometió que regularía el uso de dineros públicos para los medios de comunicación.

No cumplió. No solo no cumplió, porque hoy en México se siguen utilizando cantidades millonarias de dinero público para distribuir discrecionalmente en medios de comunicación, sino que ha habido un incremento notable durante el Gobierno de Peña Nieto.

¿Qué afecta eso? Pues afecta el derecho de las audiencias, se afectan las líneas editoriales. Es una herramienta perversa que tiene el poder político en México y que no está regulada. Eso significa que en México está vigente la política del garrote y la zanahoria para los medios de comunicación. Si publicas cosas que me perjudican no te doy dinero y si no lo publicas te doy una zanahoria.

¿Qué tantas iniciativas hay en México de medios creados por periodistas y no tan dependientes de los recursos oficiales?

No los hay con la fuerza que se necesitaría. No es tan fácil la ecuación de hacer periodismo independiente y de tener ingresos que soporten el ejercicio. Cuesta pagar la nómina de un equipo de redacción, cuesta mantener una oficina.

Nosotros, este grupo de periodistas que nos echaron de la radio mexicana y que no vamos a regresar hasta que se acabe este sexenio de Peña Nieto, hemos optado por desarrollar nuestra tarea, fundamentalmente, en internet.

Hemos desarrollado nuestro trabajo en un portal de noticias (aristeguinoticias.com). Hace poco abrimos un programa noticioso de radio y televisión en vivo, al que le hemos invertido recursos y talento. Lo que hemos logrado es un ingreso a partir de la publicidad de Google, que no es gran cosa, pero que junto a otras cosas y a un tráfico robusto, que por fortuna tenemos, nos da unos ingresos que nos permiten soportarnos.

La fórmula es tener un gran tráfico y eso se logra con buen periodismo. Y si logramos ese círculo virtuoso pues podemos soportar una operación sin pretender competirle a Carlos Slim. Simplemente, buscamos tener los recursos para una operación constante y profesional.

¿Cómo ha sido su transición hacia el mundo digital?

Nos tardamos en llegar a hacer el programa en internet un año y 10 meses, entre otras cosas porque estamos bajo un acoso judicial por parte de Peña Nieto. Tengo varios juicios abiertos que han promovido varios de los empresarios en donde estábamos antes. Me demandó, recientemente, el empresario de la emisora en la que trabajaba por el prólogo que escribí en el libro La casa blanca de Enrique Peña Nieto.

Un juez me acaba de sentenciar por algo que no sé si es una sentencia o un piropo: “uso excesivo de la libertad de expresión y del derecho a la información”. Seguimos en los tribunales.

Nos hemos tardado también por esta curva de aprendizaje de resolver todo: dónde nos ponemos, cómo conseguimos los equipos para transmitir en vivo. Tuvimos que empezar de cero y empezamos con los errores y dudas sobre qué adquirir y qué no adquirir.

Los números de nuestra primera semana son muy estimulantes. Nos han dado los primeros reportes sobre el tráfico y la verdad es que estamos felices de que haya vida más allá de la radio, aunque amemos la radio.

Donald Trump también representa un desafío para el periodismo mexicano. ¿Cómo cree que los medios deben cubrirlo?

Creo que debemos tener muy claro, como sociedades y como periodistas, lo que no se puede tolerar. No se pueden naturalizar una serie de cosas que han surgido de un personaje como Donald Trump. No podemos dar por natural que se refiera a las mujeres como se ha referido de ellas. No podemos dar como un gesto de su personalidad que se refiera a los extraños como aliens, como lo dijo en un discurso sobre el tema migratorio.

El gran reto para las sociedades, para los estudiantes de periodismo, para los periodistas mismos, es hacer lo que los propios estadounidenses están haciendo con las marchas. Por ejemplo, la marcha rosa. Salieron a las calles,  salieron a decir así no. Hay que batallar para que eso que creíamos ganado no se pierda a punta de repetición, a punta de darlo por paisaje o darlo como un gesto de personalidad. Es un hombre con gran poder y su discurso tiene un impacto de repetición en su sociedad y probablemente en otras.

Esta ola de derechización y de perfiles como el de Donald Trump puede resurgir si nos descuidamos. Y el desafío es justamente civilizatorio.

Y entonces se corre el riesgo de cruzar la frontera entre periodismo y activismo, ¿cómo lograr el punto de equilibrio?

En estos casos a lo mejor se cruza la frontera, pero hay situaciones históricas como estas donde no me importaría demasiado que nos tilden de activistas porque la tarea periodística no solamente consiste en ofrecer datos, que es importantísimo. En momentos tan delicados como este es urgente la construcción interpretativa, la posición editorial que permita que esos datos, que esas revelaciones puedan tener una lectura que nos ayude a entender una realidad. Ciertamente a tomar una postura.

Algunos dirán que eso ya es pasar la frontera, pero tampoco hay recetas en el periodismo. En mi opinión, las sociedades suelen apreciar que los periodistas también aporten un grado interpretativo y también agreguen una postura editorial, separando cabalmente lo que sería la opinión y lo que sería información.