(©UN photo/Milton Grant)

Esta semana se realiza en Asunción, Paraguay, la Conferencia regional sobre envejecimiento, organizada por la Cepal. El evento busca promover entre los gobiernos de Latinoamérica el impulso de políticas públicas que visibilicen y empoderen a las personas mayores, especialmente porque las proyecciones muestran que para el 2060 el envejecimiento estará presente en todos los países de la región y en 27 de las 33 naciones latinoamericanas habrá más personas mayores que niños menores de 15 años.

Sin embargo, la Cepal advierte que el crecimiento de la población mayor no va de la mano del bienestar. Hay “importantes desigualdades y desventajas, como la persistencia en las brechas de género en la percepción de los ingresos durante la vejez”, dice la Cepal en su sitio web.

Uno de los retos que plantea la Cepal en esta conferencia es la necesidad de ampliar la participación de esta población en las situaciones que les afectan y es allí donde los medios de comunicación juegan un papel fundamental. Para lograrlo, es necesario que los periodistas tengan claro cómo deben cubrir los temas de vejez sin caer en publicaciones que vulneren derechos ni en estereotipos.

Recopilamos algunas de las recomendaciones del Centro de Documentación y Estudios de San Sebastián (institución española que trabaja a favor de las personas en situación vulnerable), publicadas en el manual Periodismo para todas las edades.

Dar voz a las personas mayores, recurriendo directamente a ellas como fuente informativa, en lugar de que sean otras las personas que se erijan en sus representantes o intérpretes. No se trata de asignar ‘cuotas’, pero sí de revisar la presencia de los diversos colectivos en cada medio o espacio.

Fomentar su presencia en los medios. Potenciar su aparición en debates, espacios culturales, concursos, magacines e informativos. Una estrategia decidida de ‘recuperación’ de la imagen de las personas mayores requeriría, incluso, una cierta tendencia a primar los testimonios y declaraciones de las personas mayores en atención a su edad.

– Si quieres tratar temas específicamente dirigidos a las personas mayores, recuerda que sus intereses son tan amplios como tu imaginación.

Hay un buen número de temas, generalmente poco tratados, que contribuyen a difundir una imagen más positiva de la vejez y del envejecimiento: las personas mayores como generadoras de nuevos yacimientos de empleo, el surgimiento de nuevos perfiles de personas mayores, las personas mayores como fuerza política y social, etc.

– Con el propósito de favorecer el tratamiento más adecuado posible por parte de los medios de comunicación a las personas mayores, es conveniente distinguir dos tipos de situaciones diferentes:

  1. Para los casos en los que el periodista tenga acceso a las personas implicadas en la información, se sugiere consultar siempre a las personas aludidas cómo prefieren ser tratadas y dar la oportunidad, siempre que así lo requieran, de explicarse.
  2. Para los casos en que la información haga referencia al grupo social en general o a una persona concreta desde el punto de vista de su pertenencia a él, se recomienda utilizar el término de “persona mayor” o “mayor”, reservando el de “ancianos” y “ancianas” únicamente para aquellas personas de edad avanzada y con signos muy evidentes de deterioro físico, psicológico o mental.

Evitar la utilización de términos considerados peyorativos como “viejo” o “vieja”. Es un término que, referido al conjunto de las personas mayores y al incidir en el deterioro físico de éstas, puede resultar particularmente despreciativo. Reivindicado con orgullo por algunas personas mayores y profesionales de atención a este colectivo, el o la periodista no debería utilizarlo, a menos que lo haga para recoger las declaraciones textuales de las personas que así lo hayan escogido.

Rehuir el empleo de términos inexactos para nombrar a las personas mayores, como “jubilado” o “jubilada” y “retirado” o “retirada”. Tanto uno como otro, hacen alusión a un estatus laboral concreto, el de la persona que se ha jubilado y percibe su correspondiente pensión y esta circunstancia, aún siendo mayoritaria, no caracteriza a la totalidad —solamente lo son aquellas que han participado regladamente en el mercado laboral— y puede estar nombrando a personas que aún no habiendo superado los 65 años han sido prejubiladas o voluntariamente han querido retirarse.

Evitar la utilización injustificada de las palabras “abuelo” o “abuela”. Esta expresión se debe aplicar únicamente a quien tiene nietos o nietas, y no para referirse a todas las personas mayores. Su utilización se debe evitar especialmente en aquellos casos en los que su uso connote una imagen estereotipada de los roles atribuidos a las personas mayores.

Evitar también, si es posible, la expresión poco afortunada de “tercera edad”. Si bien es un término del que comenzó a hacerse uso (y abuso) en los años ochenta para definir a las personas mayores de 65 años, hoy está en desuso. Su empleo fue prolífico, sobre todo, en el lenguaje empleado por los estudios socio-demográficos, las políticas públicas y el propio periodismo. Hoy en día, tanto organismos públicos y privados como expertos y los propios interesados prefieren su sustitución por el término de “personas mayores”.

Evitar el abuso de términos y expresiones marcadamente eufemísticas, así como de giros o fórmulas paternalistas, a la hora de referirse a las personas mayores: por ejemplo, “niños y niñas grandes”, “chicos y chicas”, “los y las menos jóvenes”, etc. El tratamiento adecuado hacia cualquier grupo social pasa por su reconocimiento, lo que requiere nombrar con todas sus consecuencias de forma, eso sí, respetuosa la realidad que conforman.

Evitar la utilización de términos habitualmente asociados al envejecimiento o la vejez con el fin de degradar las cualidades de una persona, por ejemplo cuando se alude a personas veteranas en su profesión o que han llegado a una edad profesional avanzada.

– La vejez sigue siendo la etapa del ciclo vital que más estereotipos negativos soporta. Representadas de forma generalizada como frágiles y dependientes, cuando no como ignorantes, atrasadas o pasivas, las personas mayores son muchas veces y de manera totalmente injusta objeto de prejuicios basados en ideas simplistas y falsas acerca de sus capacidades y posibilidades.

Evite estereotipos como:

  1. Todas las personas mayores son muy parecidas entre sí
  2. A medida que envejecen se vuelven como niñas y niños
  3. Con el tiempo, las personas mayores se vuelven hurañas y difíciles de tratar
  4. Las personas mayores son improductivas
  5. Son ignorantes y atrasados
  6. La mayoría viven solas y en soledad
  7. La enfermedad es un hecho cotidiano en sus vidas
  8. Se vuelven invariablemente dependiente de otras personas
  9. Las personas mayores están tristes y deprimidas
  10. A medida que envejecen el deseo sexual desaparece y las experiencias sexuales son menos satisfactorias.

Para encontrar enfoques novedosos recomendamos este seminario web sobre la cobertura periodística de temas de vejez, dictado por el periodismo colombiano Javier Darío Restrepo.

Más información sobre la población mayor en el mundo en este sitio de la ONU.