(©UN Photo/Eskinder Debebe)

Científicos sociales han comenzado a cuestionar el concepto de la desigualdad moderna, especialmente porque la definición que suele usarse con frecuencia pareciera no estar aportando a la solución del problema, es decir, a cerrar las brechas entre el 1% dueño de la mitad de la riqueza del planeta y el resto. Así lo concluyó recientemente el periodista de la BCC Bryan Lufkin en un artículo publicado por BBC Future.

Lufkin es el editor de BBC Future, una sección especializada en analizar los desafíos que enfrenta hoy la humanidad y en cómo podrían abordarse para vivir de una manera más inteligente y sostenible. En su texto, que ha sido popular en las redes sociales durante las últimas dos semanas, Lufkin plantea tres claves que pueden ser útiles a la hora de analizar la desigualdad y, por lo tanto, tener mejores elementos para afrontarla.

  • La discusión suele centrarse en el 1% más rico y no en la gran mayoría en situación de pobreza

“Los que tienen y los que no. El 99%. La brecha de ingresos. El abismo entre ricos y pobres nunca ha importado tanto. Se estima que el 1% de los más ricos del mundo poseen el 50% de la riqueza del planeta”, así comienza Lufkin su artículo para mostrar que recientes investigaciones le apuntan a la injusticia como el principal problema, más que la disparidad de ingresos.

Esa injusticia se evidencia en el trato preferente que algunas personas reciben y que otras no, por tanto reconocer que la pobreza y la injusticia están completamente relacionadas podría ser uno de los desafíos más relevantes de este siglo.

Y para comenzar a cerrar brechas, el texto propone que nos concentremos más en ayudar a los menos afortunados, quienes por falta de equidad son incapaces de mejorar su situación.

Harry G. Frankfurt, profesor emérito de filosofía en la Universidad de Princeton (EE.UU.), dice en su libro On Inequality, que la obligación moral debe estar en la eliminación de la pobreza y no en lograr la igualdad. Es decir, en asegurarnos como sociedad de que todos tengamos los medios para llevar una buena vida.

  • El discurso debería estar más enfocado en la justicia, porque la diferencia existe y no debería ser un problema

Investigadores de la Universidad de Yale aseguraron en un artículo publicado en abril pasado en la revista Nature Human Behavior que los seres humanos -incluso desde niños y bebés- prefieren vivir en un mundo con desigualdad, porque en un escenario donde todos sean iguales muchos se enojarían. Especialmente, si trabajan duro y no son recompensados o si los vagos son excesivamente premiados.

Los investigadores trabajaron con un grupo de niños de entre seis y ocho años. Les dieron borradores para que los repartieran entre dos que debían limpiar una habitación. Cuando los niños escucharon que ambos chicos limpiaron en igualdad de condiciones la habitación repartieron la misma cantidad de borradores, mientras que al enterarse de que hubo uno que trabajó más duro que el otro, decidieron darle a ese niño un borrador adicional como premio por su esfuerzo.

“Será beneficioso modificar el debate y la investigación, alejarla de la desigualdad misma, y enfocarla en temas como la injusticia y la pobreza, que son el núcleo de lo que nos preocupa”, plantea la psicóloga Christina Starmans, psicóloga de la Universidad de Yale y miembro del equipo investigador.

Mark Sheskin, otro de los investigadores, dice que “la gente prefiere una desigualdad justa a una igualdad injusta”. Es decir, de nada sirve un mundo igualitario, pero injusto porque se corre el riesgo de colapsar.

  • Apostarle a la simpatía por el otro, más allá de las diferencias políticas y conceptuales

El artículo también plantea que debe existir un consenso sobre lo que realmente es desigualdad, porque las discusiones alrededor del tema no siempre van hacia el mismo lado. Algunos investigadores centran la discusión alrededor de pobres y ricos, mientras que a otros les preocupa que no todo el mundo tenga acceso a las mismas oportunidades sin importar su condición económica.

Además, la política juega otro papel fundamental en el abordaje de la desigualdad. Para una persona con una visión de izquierda, debería trabajarse en el fortalecimiento de un sistema de salud para todos, mientras que alguien de derecha podría respaldar la creación de empleos para trabajadores de bajo nivel salarial.

Otra diferencia está en la definición misma de la desigualdad, ya que hay tres ideas clave separadas, pero relacionadas entre sí, y sobre las que no hay consenso: la noción de igualdad de oportunidades en la sociedad, independientemente de la raza, sexualidad o género; la apuesta por una distribución justa, de tal manera que los beneficios o recompensas se repartan en función del mérito, y propender por la igualdad de resultados o que las personas tengan resultados iguales sin importar las circunstancias.

Más allá de la manera como se mire la desigualdad, el artículo dice que parte de la solución está en afrontar el hecho de que la pobreza y la injusticia existen, y en que todos los ciudadanos deberíamos tener una obligación moral: sentir empatía por las necesidades de  nuestros semejantes.